Barranquilla

lunes, 12 de septiembre de 2011

Barranquilla y la Regeneración


BARRANQUILLA Y LA REGENERACIÓN

Por Jorge Villalón

Presentación

La historia de Barranquilla por no estar fijada tiene una existencia inexistente, escribía el “Sabio catalán” en 1940 en una crónica periodística a propósito de la publicación de unas crónicas locales de Miguel Goenaga. Debió haber dicho quizás que “la historiografía” sobre la ciudad no existe, ya que hasta ese momento eran muy pocos los libros sobre el tema. En 1955 el joven periodista Gabriel García Márquez publicó un reportaje sobre las obras civiles de Bocas de Ceniza para el diario capitalino El Espectador, en el cual se encuentra la siguiente frase: Barranquilla es una ciudad sin historia[1]. Es difícil saber con exactitud qué quiso decirnos el genial escritor, pero al menos podemos comprobar que solo existían unos tres libros sobre el pasado de la ciudad, muy valiosos y útiles, pero escritos por intelectuales sin formación académica. Es poco probable que el joven cronista los haya tenido en sus manos y escribió su artículo recogiendo memoria oral.[2] Tampoco se encontró con el historiador norteamericano Theodore Nichols, quien estuvo en la región un poco antes de 1950 escribiendo su tesis doctoral, titulada Tres puertos de Colombia: Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, que se constituye en el primer trabajo historiográfico sobre Barranquilla y abarca desde 1850 hasta 1950, que es el período de auge económico de la ciudad, especialmente los últimos años del siglo XIX, que son los años de la llamada “Regeneración”, tema que nos ocupa en este trabajo.
En el resumen de la tesis de Nichols se encuentra la siguiente afirmación que nos motiva para estudiar la relación que existió entre el poder central de la capital del país y la ciudad de Barranquilla en los momentos en que se producía un importante cambio político de la nación colombiana. El texto dice: Antes de finalizar el siglo, Barranquilla era indiscutiblemente el puerto más importante de Colombia, pasando en pocas décadas de ser un insignificante establecimiento ribereño a esta inminente posición. Los factores políticos parecen no haber tenido mucha influencia: las facciones iban y venían al igual que las revoluciones pero el crecimiento constante de Barranquilla escasamente se vio afectado[3]. Ya al finalizar el siglo XIX, el viajero francés Pierre D’Espagnat nos dejó una imagen, que coincide con la de Nichols, respecto a lo que fue Barranquilla en esos años: () vulgar y demasiado joven, preocupada únicamente de comercio, industrias, de relaciones marítimas, creada por la fuerza de la necesidad bajo la presión económica del rico país que desemboca en ella[4].
Este breve trabajo pretende contribuir a la comprensión de esta etapa de la historia colombiana, en la que se observa el contraste entre la capital del país, preocupada del orden jurídico y político de la nación con guerras civiles, una nueva Constitución, y una ciudad portuaria que experimenta un auge económico y cultural sin que los conflictos políticos nacionales hayan afectado su desarrollo.
Para comprender mejor este proceso se dará una breve mirada al contexto continental por medio de algunos autores que han intentado hacer historias generales de América Latina. Del mismo modo, se presentan algunos juicios históricos sobre la Regeneración por parte de los historiadores sobre Colombia y una mirada al tema de las fuentes documentales. Luego se hará una descripción de algunos acontecimientos políticos más relevantes ocurridos en Bogotá y otros centros regionales. Finalmente, sobre Barranquilla se intentará destacar los escasos acontecimientos políticos del período y una descripción de la evolución económica. Al mirar estos diversos planos se espera alcanzar un cierto grado de comprensión de una etapa de la historia de la ciudad de Barranquilla en su relación con el poder central y con el mundo.
Es importante destacar los límites de este trabajo porque las intenciones son más bien modestas y solo buscan colocar la reflexión sobre la historia a disposición de la comunidad académica, y también de los actuales protagonistas en nuestro presente, sin ninguna pretensión. Es oportuno destacar las palabras del fundador de la historiografía, Leopoldo Von Ranke, quien en 1824 hizo una especie de advertencia a todos aquellos que se dedican a este oficio de la reconstrucción del pasado. He aquí sus palabras: Se le asignado a la Historia la misión de ordenar el pasado e instruir al mundo contemporáneo sobre los años futuros. Este tipo de misiones no lo contempla el presente trabajo: él quiere meramente mostrar cómo realmente ha sido[5].

 

La relevancia del estudio del período de la Regeneración en el contexto de la política colombiana actual

Al finalizar el siglo XVIII América Latina se había conformado como una sociedad mestiza en lo social y cultural. En el ámbito de la política, su clase alta, conformada por terratenientes y comerciantes, se muestra dispuesta a incorporarse a una nueva realidad mundial impregnada por las ideas de la filosofía de la Ilustración, la independencia norteamericana, la Revolución francesa y el liberalismo español y criollo. La crisis de 1808 en España fue el detonante y los nacientes Estados comenzaron a incorporarse a un nuevo mundo que reposaba sobre el principio de la libertad individual en el marco de sistemas políticos republicanos. Se hizo el esfuerzo y en Colombia aún continuamos tratando de llevar a cabo los sueños del hombre del momento que fue Simón Bolívar. Esta transformación del mundo occidental provino principalmente de Europa y de Estados Unidos, y las regiones latinoamericanas trataron de adaptarse a la  nueva realidad a través de la creación de Estados nacionales republicanos y separados de la madre patria.   
En el siglo XIX, en un mundo dominado por la Inglaterra industrial, surge el sistema económico internacional, al que más tarde se le suman los franceses y los alemanes en el contexto del triunfo del liberalismo en casi toda Europa. Nuevamente América Latina se ve enfrentada a un nuevo escenario que se origina también por fuera de sus fronteras. Había dos opciones: o mantenerse al margen de los nuevos vientos del mundo o, por el contrario, tratar de incorporarse a la nueva realidad económica y política. Colombia se mantuvo al margen del mercado mundial hasta el medio siglo, hasta cuando José Hilario López dio el golpe de timón oportuno que la convirtió en un país exportador de tabaco, luego quina, añil y finalmente el café en la década de los ochenta. Este nuevo orden económico y político mundial exigió de los países como Colombia unos cambios políticos similares a los que se estaban produciendo en las metrópolis. En primer lugar, centralismo político y autoritarismo para producir un orden interno que hiciera posible cumplir con las exportaciones y un sistema monetario y fiscal responsable basado en el sistema de papel moneda que ofreciera confianza al mercado internacional. Rafael Núñez observó este giro durante su estadía en Europa, y cuando en 1875 regresó al país comenzó su tarea de conformar una mayoría para transformar a Colombia orientándola hacia esta nueva realidad mundial.
Desde finales del siglo XX nuevamente nos encontramos ante una encrucijada similar. Se ha venido gestando una nueva realidad mundial a la cual han llegado viejos pueblos como China, Japón, la India y el mundo árabe. Ahora el sistema es planetario y debemos convivir con civilizaciones muy diferentes de la occidental.
De alguna manera, nuestra situación en Colombia es parecida a la de 1810 y 1880. Desde hace unas dos décadas que los grupos dominantes de la política colombiana están por decidir ante diversas opciones que les permitan  acomodarse a la nueva realidad mundial que han denominado como “globalización”.
¿Cómo, cuándo y, sobre todo, quién ejercerá el liderazgo político que nos coloque a tono con el sistema planetario actual?  ¿Cuál es el papel y el lugar que ocupará Barranquilla en este proceso? Este breve trabajo solo pretende hacer un aporte a esta necesaria discusión desde nuestro oficio de historiador.   

Una visión continental de la Regeneración en Luis Alberto Sánchez, Gustavo Beyhaut y Tulio Halperin Donghi


¿Cual es el lugar que ocupa el proceso de la Regeneración en el contexto latinoamericano? El interés historiográfico sobre América Latina en su conjunto como un objeto de estudio es bastante reciente y se remonta apenas hasta mediados del siglo XX. El primer intento lo emprende el peruano Luis Alberto Sánchez, quien publicó en Chile una Historia General de América.[6] El autor distingue tres etapas en la historia latinoamericana republicana; en primer lugar, la Insurrección de la Independencia, luego, el “Caudillismo nacionalista”, entre 1824 y 1848, y finalmente el período que  denomina “Definición de los Estados”, entre 1848 y 1898.[7] El capítulo dedicado a Colombia lleva por título “La Lucha doctrinaria y la organización institucional”, en el que saluda el advenimiento de las transformaciones liberales iniciadas por el gobierno de José Hilario López en 1849 y continuadas luego bajo la influencia de la figura de Tomás Cipriano de Mosquera, quien lleva a Colombia a un régimen federalista, y describe luego, a grandes zancadas, el regreso al centralismo con Rafael Núñez.[8] En un breve capítulo intenta desarrollar algunos conceptos sobre el período 1848-98 válidos para todo el continente y reconoce que Sin duda, la etapa comprendida entre los años de 1848 y 1898 es el medio siglo más fecundo de la historia americana[9]. Según Sánchez, los países definieron su fisionomía estatal, y el período comenzó con el despertar de los Estados Unidos de Norteamérica a un destino continental y se cerró con el afianzamiento del programa hegemónico de este país, y España cancela entonces sus pretensiones sobre América. Observa, además, un paso del romanticismo a un cierto realismo en la política y en la literatura. Es el siglo de los grandes negocios, construcciones y de la llegada de inmigrantes de Europa. Todo esto lleva a que la historia de estos pueblos adquiere un contorno más definido: Son Estados los que actúan. No ya conglomerados heterogéneos ni caudillos solitarios: El pueblo articula sus necesidades, el sufragio trata de servirle de vehículo[10].
 De este primer intento de escribir una historia del continente recogemos la importancia que se le asigna al período estudiado en este trabajo, en el que se destacan los cambios en la economía, en la política y en las relaciones internacionales y la necesidad de replantear las funciones del Estado central. 
A mediados de los años sesenta, el historiador uruguayo Gustavo Beyhaut se encargó de redactar un tomo sobre historia de América Latina para la editorial alemana Fischer que comprendía la fase posterior a la Independencia. No se diferencia mucho de las periodizaciones de Luis Alberto Sánchez. El primer período de la época republicana es, por cierto, la Independencia, y luego viene una etapa de europeización y expansión económica inducida desde afuera, que subdivide en tres subperíodos. Entre 1825 y 1850 no observa grandes cambios; en la segunda etapa, entre 1850 y 1875, se produce un determinado crecimiento de las economías de exportación, y en la tercera hay un crecimiento económico, en algunos países surge la industria y una ampliación de la economía de monoproducción. Pero no todos los países siguieron este camino y algunos se quedaron detenidos, como es el caso de Bolivia, que ingresa apenas en el siglo XX al sistema económico mundial[11]. 

En 1969 apareció la obra de Tulio Halperin Historia contemporánea de América Latina[12]. Halperin intenta buscar un camino intermedio entre una historia de eventos y una historia estructural que abarca desde la Independencia hasta mediados del siglo XX.  Considera como un rasgo dominante la incorporación de América Latina a una unidad Mundial que tiene como centro a Europa. La primera fase de este proceso ocurre durante la dominación española y portuguesa, que denomina como pacto colonial, el cual se agota en la crisis de la Independencia. El nuevo pacto colonial se establece en el siglo XIX con unas metrópolis ahora industriales y financieras. Luego, ante la crisis de este segundo pacto colonial, se buscan nuevas soluciones renovadoras que conducen finalmente al desequilibrio y las tensiones de la hora actual, que confluyen en los conflictos planteados a escala planetaria.
¿Dónde ubica Halperin el proceso político de la Regeneración? Debería estar en el capítulo que titula Surgimiento del orden neocolonial, que corresponde al período en que los países latinoamericanos se conectan al sistema económico mundial como proveedores de materias primas y como mercados de las economías industriales europeas. Quizás debido a la ausencia de estudios de historia política de Colombia, el autor solo menciona marginalmente a la Nueva Granada. Además, la bibliografía utilizada que había aparecido hasta mediados de los años sesenta ofrecía sobre el período de la Regeneración escasa información, la cual estaba dominada por una visión económica – como Nieto Arteta y Ospina Vásquez – y, por otra parte, por la visión de la escuela histórica llamada “académica”, dedicada a la historia política. Sobre Colombia en particular Halperin cree que a mediados del siglo XX en Latinoamérica la sociedad oligárquica ha conservado toda su pureza en Colombia, es decir, su vinculación al sistema neocolonial a fines del siglo XIX no condujo –como en los otros países latinoamericanos– a la incorporación al sistema político y social de los grupos subordinados.

La Regeneración en los historiadores colombianos


En 1970, el historiador colombiano Luis Martínez Delgado, director de la serie llamada Historia Extensa de Colombia, proyecto iniciado en 1965 por la ACH, tiene el mérito de haber publicado el primer trabajo realizado en Colombia sobre la evolución política del período de la Regeneración, adoptando una periodización que comienza con el cambio del régimen político ocurrida en 1885 y termina en 1910.[13]  En unas palabras introductorias, Sergio Elías Ortiz formula, en forma muy acertada, que el período es de profunda significación en la vida nacional, ya que durante este se operó la más grande transformación que ha experimentado el país en su conformación política[14].  El período 1885-1910 es considerado como un proceso continuado y en el que  el aspecto político es tomado como parte importante del desarrollo histórico. Los acontecimientos que lo inician son de tipo político: una nueva Constitución con un nuevo concepto de Estado y el concordato con la Santa Sede, ambos aspectos que provocaron la resistencia de los liberales radicales excluidos del poder y que condujeron a dos guerras civiles. El período se cierra con el gobierno de Reyes, que inicia un proceso que ellos denominan de “concordia nacional”, acontecimiento también de carácter netamente político. La importancia de esta obra radica además en que contiene una gran cantidad de documentos, utiliza una amplia bibliografía e incluye la consulta a los periódicos más importantes de la época, lo que significa un gran avance en la historiografía política tradicional en Colombia.
 
El periodo 1884-1894 ha sido caracterizado por un gran número de historiadores, de economistas, sociólogos y politólogos, quienes se han referido a esta fase de la historia de Colombia desde diferentes perspectivas. Un breve repaso de estos enunciados es de cierta utilidad para formarse una idea del juicio histórico de estos pensadores sobre  este período y sus personajes. 
En la historiografía sobre Colombia no existe un consenso sobre el concepto de “Regeneración”, como tampoco sobre el comienzo y el final de esta experiencia. Rafael Núñez, presidente del Senado en 1879, formuló en un discurso por primera vez la consigna de “Regeneración fundamental o catástrofe“,[15]  apoyado en ese momento en un pequeño sector del Partido Liberal. A partir de aquí, el concepto de “Regeneración” se comienza a utilizar en las discusiones políticas, para luego pasar a formar parte del vocabulario de los historiadores y académicos en general con una variada gama de interpretaciones. Hasta ahora se ha usado de distintas maneras y con diferentes fechas de inicio y de término. En todo caso, casi todos los historiadores del período republicano se han referido alguna vez a la reforma política liderada por Rafael Núñez y de cierta manera a caracterizar el período 1884-1894.
En 1939, el historiador colombiano Joaquín Tamayo publicó una biografía de Rafael Núñez en la que sugiere una interesante interpretación. Tamayo se deja llevar por la retórica de Núñez cuando reconoce la necesidad de un cambio político que diera estabilidad a Colombia en el marco de un sistema de gobierno centralizado y racionalista. Al plantear que el movimiento de la Regeneración era el resultado de un sentir mayoritario y no exclusivamente de la voluntad de Núñez reafirma la idea de que en ambos partidos existía consenso en torno a la necesidad de impulsar un Estado moderno, que no es otra cosa que un estado liberal, tal como estaba ocurriendo en los países europeos de la época. La ilimitada soberanía de los Estados, la coexistencia de diez códigos penales, cuyas disposiciones giraban en un círculo vicioso; y el abuso repetido de introducir armas, consagrado por el derecho de insurrección, al margen de la ausencia de un principio de autoridad nacional, exigían inteligente reforma solicitada de viva voz por liberales y conservadores. Núñez no fue el iniciador de ese gran descontento en contra del régimen de Rionegro;  tan solo congregó en pos de su nombre el malestar de la época, en espera de un día afortunado[16]. En un capítulo titulado “La Regeneración” Tamayo considera que el verdadero revolucionario es Núñez y no los liberales radicales cuando escribe: La verdadera revolución iba a surgir al proclamarse el centralismo en Colombia, fórmula política opuesta a una práctica añeja, cuya raíz misma arrancaba de la época conquistadora[17]. La política de la Regeneración es, en este sentido, netamente liberal cuando intenta racionalizar y modernizar el país creando una economía y una administración nacionales, que con tanta certeza escribe Tamayo, rompían con la tradición española arcaica del ejercicio de las libertades soberanas de los españoles, quienes al margen de su devoción por el monarca, su devoción individualista, regionalista, que según Tamayo perduraría hasta los primeros años de la República. 
Esta exaltación soberana del individualismo, del regionalismo, del federalismo que menciona Tamayo forma parte de la política española de los Austrias, es decir, de los siglos XVI y XVII, y que se acaba con el advenimiento de la dinastía de los Borbones en la primera mitad del siglo XVIII. Según esto, la revolución modernizadora comienza con las reformas borbónicas del siglo XVIII, y Rafael Núñez es el continuador y ejecutor de un ideal que ya tenía más de un siglo. El Partido Conservador a fines del siglo XIX no alcanzó a distinguir lo anterior y confundió la miseria pública con el régimen radical[18]  e intentó acabar, junto con el liberal Núñez, los últimos vestigios del régimen monárquico de la dinastía de los Austrias.

El claro reconocimiento de estos procesos de largo aliento que se produjeron a fines del siglo pasado es esencial para comprender los alcances de la lucha de los partidos políticos colombianos. El rótulo de conservador o liberal tiene entonces un significado diferente de lo que tradicionalmente se ha creído.
Luis Eduardo Nieto Arteta en su libro Economía y Cultura en la Historia de Colombia, publicado en 1941 e inspirado en el marxismo, dedica su último capítulo a una reflexión sobre la “Regeneración”, a la cual de manera categórica define como El movimiento político que conduce a la Constitución de 1886 fue una tendencia a la racionalización del Estado colombiano[19], que Núñez se colocaba con gran rigidez teórica dentro de la noción del Estado liberal de Derecho[20], y que se promulgó una Constitución liberal y creó un Estado liberal de Derecho[21]. Aunque desde una posición distinta, Nieto Arteta coincidía con Tamayo en su caracterización del movimiento político de Núñez, en el sentido que para ambos la Regeneración fue el intento de racionalizar el Estado colombiano, proceso en el cual el innovador y vencedor es Rafael Núñez. Para Tamayo, se trataba de la continuación de la tradición de las reformas borbónicas iniciadas un siglo atrás; para Nieto Arteta, siguiendo las tesis marxistas, Núñez significaba un progreso económico y político para la sociedad colombiana, expresado en la creación de un Estado liberal de derecho. 
A principios de la década de los años cuarenta apareció una biografía sobre Núñez escrita por el intelectual y político Indalecio Liévano Aguirre,[22] quien se ubica también en una posición parecida a Nieto y Tamayo, y contraria a la tradicional de los políticos liberales, y afirma que Núñez significa el predominio de la realidad sobre los extravagantes idealismos; el triunfo de la verdad colombiana sobre la copia de instituciones extrañas[23], y a la Regeneración la califica como cimiento fundamental sobre la cual se construyó la nacionalidad colombiana[24].
En 1956, Jaime Jaramillo Uribe en su libro sobre el pensamiento colombiano en el siglo XIX realiza un análisis muy agudo sobre las ideas de Núñez, el cual se acerca bastante a lo planteado por Tamayo y Nieto Arteta. Destaca, en primer lugar, que fue (…) uno de los hombres que mayor influencia tuvieron en la historia política de la nación en el siglo XIX[25]. Ante la pregunta de cómo se podría ubicar la actitud política de Núñez, se tendría que decir que perteneció a una corriente del liberalismo europeo de fines del siglo XIX, de amplia acogida especialmente en Inglaterra, y de varios espíritus americanos, que estuvo siempre dispuesta a aceptar de buen grado el papel activo del Estado en la solución de los problemas sociales y económicos[26].  Sin embargo, el hecho de que Núñez propendiera (…) por un Estado fuerte, centralizado y eficaz en sus funciones jurídicas y económicas, o al limitar los derechos individuales en beneficio de la sociedad, no se colocaba en realidad fuera de la tradición liberal europea[27]. Además  de su acercamiento al catolicismo, quiso como estadista fomentar la ciencia e hizo de la industrialización del país una de las bases de su política, procesos que en el siglo XX tuvieron hondas repercusiones en la vida espiritual y económica de Colombia, que se reflejaron en la secularización de variados ámbitos de la vida del país. De cualquier modo, y siguiendo la tradición iniciada por Tamayo y Nieto Arteta, y en contra de un gran número de políticos liberales, Jaramillo Uribe insiste en que Núñez (…) no era una mentalidad conservadora[28].

Las fuentes documentales

El período de la Regeneración comenzó a ser estudiado como un tema histórico a principios del siglo XX por la llamada “Generación del centenario”, cuando se creó en 1902 la Academia Colombiana de la Historia, que se constituye en el primer intento por escribir sobre el pasado de la nación con base en la consulta de archivos. En su edificio se fueron acumulando una gran cantidad de documentos y libros sobre el siglo XIX, como también archivos públicos y personales, los cuales fueron transferidos en su totalidad al Archivo General de la Nación en la última década del siglo XX y quedaron a disposición de los historiógrafos sobre Colombia.   
La fuente documental más importante para escribir una historia política de la Regeneración es el Archivo Histórico Legislativo (AHL) del Congreso Nacional de Colombia, el cual estuvo totalmente cerrado a los investigadores hasta el año 2004, cuando fue trasladado desde el edificio del Congreso a unas bóvedas del Archivo General de la Nación, y con acceso restringido. Este archivo comienza en el año 1823 y termina en 1967 y se encuentra en proceso de sistematización. Para el período 1884-1894 los libros están organizados por diversos temas, como actas del Senado y Cámara de Representantes, inventarios, asuntos varios, antecedentes de leyes, etc. Se pueden encontrar documentos provenientes de todas las regiones de Colombia, informes sobre diferentes aspectos del acontecer público del país y se constituye en el cuerpo documental más importante para la historia política del período de la Regeneración. El historiador Hermes Tovar realizó un interesante estudio cuantitativo sobre este archivo y concluyó que “fue saqueado sistemáticamente por interesados en no dejar rastros de sus responsabilidades políticas”. Los libros del año 1885, por ejemplo, que marca la línea divisoria entre dos épocas, disminuyen notoriamente en relación con los otros años. Sin embargo, a pesar de estas posibles mutilaciones, para la década 1884-1894 existe un abundante material para reconstruir los procesos políticos de este período.[29] También existe en la Sección República del  AGN, el Fondo de Gobernaciones con documentos enviados al Poder Ejecutivo en Bogotá desde todas las regiones y provincias.
La prensa de la época es una importante ayuda  para estudiar este período, además de abundante, y desde hace varios años muchos periódicos se encuentran a disposición del público en microfilme en la Biblioteca Luis Ángel Arango y en la Biblioteca Nacional en Bogotá.
En el caso de Rafael Núñez, todas sus intervenciones han sido  publicadas en forma de libro, especialmente varios volúmenes con sus artículos de prensa del período.[30] Lo que no sobrevivió fue su correspondencia y sus papeles personales. Se cuenta que antes de morir pidió que su archivo lo botaran al mar Caribe, y al parecer su esposa, Soledad Román, hizo que se cumpliera su deseo.[31] La correspondencia que recibía Núñez, tanto del país como del extranjero, era tan abundante que solo leía las cartas que le pasaba su esposa, quien las clasificaba por diversos legajos. Uno de estos eran las cartas del encargado del poder ejecutivo y los ministros, luego otro con las grandes figuras de la política nacional, otro legajo con diversas peticiones, etc. Una vez que las cartas eran contestadas se destruían. Según el testimonio de su sobrino Julio H. Palacio, Núñez le habría dicho que No quiero perjudicar a nadie conservando sus cartas. Nos morimos Sola y yo y no sabemos en manos de quién van a dar esas confesiones[32]. Sin embargo, él mismo se encargó en vida de publicar sus artículos periodísticos en forma de libro en 1874[33] y otro con el título de La Reforma Política, cuyo primer volumen fue publicado por Rafael M. Merchán en 1885 y en los años posteriores se fueron publicando nuevos tomos en los que se puede leer toda su obra periodística aparecida en el periódico El Porvenir de Cartagena, que era de su propiedad.
El otro político importante del período es, sin lugar a dudas, el conservador Miguel A. Caro, cuya obra literaria y todos sus discursos políticos han sido publicados en varias ediciones por parte de sus familiares, amigos políticos o investigadores.[34] Una abundante correspondencia personal con varios personajes de la época fue revisada por Carlos Valderrama, quien hizo una selección de lo más representativo para su publicación en 1997.[35]  
En los últimos 20 años han surgido varios archivos regionales ubicados en las capitales de departamento que han logrado salvar importantes documentaciones y han obtenido por donación o compra archivos personales, colecciones de periódicos, etc. Tal es el caso de los archivos históricos de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena en la Costa Caribe, en la región de los Santanderes y en el occidente colombiano. El surgimiento de la carrera de historiador profesional en algunas universidades ha motivado a estas instituciones a conservar y a adquirir fuentes documentales para sus propios archivos especializados, como por ejemplo, la Universidad Industrial de Santander, que logró obtener el archivo personal de Solón Wilches, o de la Universidad Nacional sede Medellín, que ha conservado el archivo de Marceliano Vélez, y en Barranquilla se logró conseguir la colección completa del periódico El Promotor y se han ido incorporando los archivos notariales y publicaciones institucionales.  


La política en Bogotá: La paradoja de la división del liberalismo para la realización de un programa liberal: El fracaso de las negociaciones de 1884 y los conflictos de 1887

Rafael Núñez apareció en la política colombiana a mediados del siglo XIX como perteneciente al liberalismo de la época. Después de una estadía en Estados Unidos, y sobre todo en Europa, regresó con ideas políticas distintas de las de sus antiguos copartidarios. La historiografía ha registrado muy bien este cambio ocurrido en Núñez y su afán por conseguir aliados para su proyecto de transformar a Colombia en un país con un régimen político centralizado y lo suficientemente autoritario para asegurar su vinculación al sistema económico internacional.

Cuando asumió la presidencia por segunda vez en 1884 no estaba seguro de la colaboración de los liberales y de alguna manera presentía que el final se iba a producir una confrontación armada. A fines de agosto de 1884, recién posesionado, hizo aprobar una ley que le permitía, como poder ejecutivo, disponer de las fuerzas militares necesarias para mantener el orden público. Esta ley lleva la firma del secretario de la Guerra José María Campo Serrano y es del siguiente tenor: Art. 1. El pie de fuerza pública para el año fiscal de 1884 a 1885 será hasta de tres mil hombres con sus respectivos jefes y oficiales. En caso de guerra exterior o de conmoción interna a mano armada, se podrá aumentar aquella cifra hasta donde fuere necesario, y en el artículo 3 de esta ley Núñez continúa con el proceso de centralización política cuando establece que El poder ejecutivo situará la fuerza pública en los puntos que estime conveniente[36]. 
Además de los problemas de orden público, Núñez enfrentó una situación económica complicada que le impedía hacer las inversiones necesarias para su proyecto de fortalecer al Estado central desde el Ejecutivo. En carta de su puño y letra se dirigió al Congreso para informarle sobre la crisis del tesoro público, con deudas de dos millones de pesos, atrasos en los pagos, etc. Solicita la pronta expedición de la Ley de Crédito Público para contratar empréstitos, cargando algunos edificios nacionales, entre ellos la Casa de Moneda. Sin esta ley sería quimérica la aspiración al progreso y engrandecimiento de la República[37].

Rafael Núñez buscó el apoyo de sus antiguos copartidarios liberales del llamado “Olimpo Radical” por medio de nombramientos de ministros y conversaciones con las personalidades políticas del momento. Estas conversaciones se iniciaron a través del entonces presidente del Senado José Manuel Goenaga, quien había sido elegido el 31 de julio.[38] Núñez le encargó que buscara el acercamiento con el dirigente del liberalismo radical Felipe Pérez, a quien el nuevo presidente le tenía una especial simpatía y lo propuso como su secretario de Gobierno al comité de los expresidentes, quienes tenían facultades constitucionales para aprobar o desaprobar los nombramientos de los ministros.[39] Los exmandatarios eran en total cuatro y pertenecientes, por cierto, al radicalismo.[40] Este comité rechazó, aunque de manera cortés, el nombramiento de Felipe Pérez, argumentando que deseaban que el nuevo gabinete se organizara en uso de perfecto derecho por parte del presidente, pero también dentro de la lógica política[41]. Al parecer, quien más decididamente se opuso al nombramiento de Felipe fue su propio hermano Santiago. Años después, un poco antes de su muerte, recordaría Núñez este momento diciendo que A todo este desastre nos ha conducido la intransigencia y la soberbia del Olimpo Radical. Esa gente que había proclamado antes que yo la necesidad de reformar la absurda Constitución de 1863, cuando vine de Europa y enarbolé la bandera me declararon guerra sin cuartel. Todavía en 1884, antes de encargarme de la presidencia, hice la última tentativa para atraerlos, para unir al liberalismo[42].  Al parecer se trataba de un hombre comedido y de buen trato, a quien en ese momento Núñez vio como un posible nexo que unificara a los grupos liberales.[43] Los radicales quisieron un hombre más representativo de ellos, y Núñez, un conciliador para el ministerio de la Política.
Nuevamente intenta Núñez un acercamiento al liberalismo radical a través de Ricardo Becerra, quien se encargó especialmente de dialogar con los cuatro expresidentes, quienes ejercían un considerable poder. Becerra había sido un apasionado político radical, editor del periódico La Opinión durante la época radical, participó también activamente como opositor a Guzmán Blanco en Venezuela. En los últimos años de su vida adquirió cierta dosis de tolerancia que lo convirtió en un gran negociador. Gran amigo de Santiago Pérez, con quien compartía su afición por la literatura y la docencia universitaria,[44] fue el encargado de entregarle de parte de Núñez un documento de su puño y letra al Comité de los Cuatro, en el que el presidente les manifestaba de manera explícita las reformas a la Constitución que él consideraba indispensables: Pienso exactamente como vos respecto de la conservación de la paz y el orden a la sombra de la justicia, que hace una realidad de todos los derechos; pero sin la reforma constitucional, inútiles serán los esfuerzos del patriotismo en este sentido[45]. Becerra abandonó el país en septiembre de 1884 para hacerse cargo de la embajada en Washington, convencido de que había hecho un buen trabajo de acercamiento y que se lograría finalmente un gobierno con una amplia representación para las necesarias reformas que proponía Núñez.[46] Los porfiados hechos demostraron que sus negociaciones no tuvieron éxito y dieron paso a la intransigencia y a la guerra. Durante las negociaciones, Aquileo Parra visitaba regularmente a Núñez debido a su interés en evitar la guerra, la cual se sentía venir.[47]

Desde agosto de 1884, a pocos días de haberse posesionado, Núñez comienza a enfrentar una serie de problemas de orden público en varios lugares del país. Había tres presidentes del llamado “liberalismo independiente” con quienes Núñez mantenía cordiales relaciones, pero que continuaban ejerciendo el poder en sus Estados soberanos de manera tradicional en su manera de gobernar que los hacía impredecibles. En el Gran Cauca estaba Eliseo Payán, en Cundinamarca, Daniel Aldana, y en Santander, Solón Wilches. Este último gobernaba desde hacía seis años y había tenido algunas desavenencias con Núñez en su primer mandato entre 1880 y 1882 cuando el Ejecutivo, a través del Ministerio de Hacienda, prohibió a los gobiernos seccionales la importación de armas. En la elección de 1883 Wilches había sido derrotado por Núñez, lo que también contribuyó a un alejamiento entre ellos. 
A mediados de 1884, Wilches enfrentaba varios problemas que tuvieron repercusiones en la política nacional, y de manera especial colocaron a Núñez en una posición muy incómoda. En primer lugar estaba la grave situación fiscal del Estado de Santander, ocasionada en gran parte por la crisis del comercio de la quina. Había que hacer además elecciones para presidente del Estado Soberano y los partidos no lograban constituir una alianza que hiciera posible la gobernabilidad en tan difíciles circunstancias. Solón Wilches presentó su candidato, pero los liberales radicales, descontentos, presentaron como candidato al expresidente Eustorgio Salgar. Los conservadores debían decidirse por quién votar, e igualmente una pequeña fracción de liberales independientes que estaban indecisos. Para el propio Núñez cualquier decisión que tomara por uno u otro bando sería problemático. El resultado de las elecciones que entregó Wilches fue a favor de su candidato Francisco Ordóñez. Los radicales aseguraron que el ganador había sido Salgar.[48] Núñez enfrentó la situación de dos maneras: nombró, mediante un decreto presidencial, al general Pedro José Sarmiento al mando de una división militar encargada de dar eficaz apoyo a la mediación del Gobierno Nacional, sin que se requiera aprobación del Congreso[49]; al mismo tiempo envió a dos mediadores para que intentaran llegar a un acuerdo: Narciso González, miembro del grupo de Independientes, y Felipe Zapata, del radicalismo, quienes finalmente lograron un acuerdo. Sin embargo, los dos mediadores escribieron al secretario de Gobierno diciendo que ignoran qué hacer, porque el gobierno ha ordenado una ocupación militar del estado de Santander[50]. Finalmente, y después de muchas negociaciones, los partidos enfrentados en Santander encontraron una relativa tregua. Wilches renuncia y queda como jefe de las Fuerzas Militares, y se nombra a Narciso González como presidente del Estado hasta que se lleve a cabo la convención en los cuarenta días siguientes. Núñez solo había logrado postergar la solución definitiva del problema.[51]
Mientras tanto, en Bogotá  Núñez intentaba paliar la crisis fiscal a través de un proyecto de ley que presentó al Congreso el 25 de septiembre. En su discurso afirmó que el país está minado por su base. Las revoluciones se han vuelto profesión segura y lucrativa, y solicita que (…) servíos conceder al gobierno, que se encuentra pasajeramente en mis manos, elementos de acción relativamente eficaces en materia de Hacienda[52].
En medio de la cuarentena acordada en Santander, la tensión política aumentó por nuevos levantamientos, esta vez en el Estado de Cundinamarca. A principios de octubre se supo en Bogotá de pronunciamientos en Guaduas por parte de Manuel Navarrete y Ricardo Gaitán Obeso, dirigentes liberales opositores a Daniel Aldana, quienes llamaban a la población a la lucha por obtener garantías para un sufragio libre.[53] Gaitán Obeso, nacido en una familia humilde en Ambalema en 1850, cuando comenzaba el auge tabacalero, participó en las filas liberales en la guerra civil de 1876 en el Tolima. Parece ser que fue elegido como diputado a la Asamblea Legislativa de Cundinamarca, pero debido a supuestos fraudes de Daniel Aldana no fue reconocido como tal.[54] El 4 de octubre se produjo una batalla sin resultados definitivos. Ricardo Gaitán declara que con las fuerzas de mi mando acato, obedezco y apoyo la actual administración nacional. Solamente trato de restablecer en Cundinamarca el imperio de la Constitución conculcada por el Sr. Daniel Aldana[55]. Días después, el rebelde Gaitán se sometió a la autoridad de la nación firmando un tratado de paz con el Gobierno.[56] Es posible que por el origen social de Gaitán, Núñez no le diera mayor importancia al levantamiento de Guaduas; además porque estaba dirigido, en primer lugar, contra Daniel Aldana, presidente en ejercicio del Estado Soberano de Cundinamarca, quien por su estilo político no era de los afectos de Núñez.
Cuando se estaba controlando la situación producida por Gaitán en Guaduas, estalla de nuevo el conflicto en Santander. Una convención que debía decidir el asunto fracasó y surgieron dos gobiernos paralelos reclamando ser los legítimos gobernantes de Santander: uno de la Convención y otro presidido por Narciso González. El 12 de diciembre se reciben en Bogotá las primeras noticias de comienzo de la guerra en Santander y el gobierno de Núñez declara perturbado el orden público en los Estados aledaños al río Magdalena.[57]
En noviembre  llega a Bogotá Foción Soto, dirigente liberal de Santander, con la intención de ofrecer una mediación en el conflicto del Estado de Santander. Durante su estadía se producen movilizaciones de grupos liberales proclives a un levantamiento armado en contra del Gobierno. La tradición oral cuenta de una marcha por el centro de Bogotá en la que los seguidores de Soto profirieron insultos al presidente y a su esposa Soledad Román muy cerca del palacio de San Carlos, sede del Gobierno en ese momento[58]. Estas ofensas pudieron ser motivo para inclinar la balanza a favor del Partido Conservador, sobre todo por influencia de la esposa de Núñez, quien mantenía estrecho contacto con personalidades conservadoras, como Leonardo Canal, Carlos Martínez Silva, Sergio Arboleda, Jorge Holguín, entre otros. Foción Soto abandona Bogotá el 4 de enero de 1885 con un documento de los cuatro expresidentes radicales que lo autorizaba para hacer pactos de paz o de guerra. Antes de retirarse de la capital sostiene una conversación con el presidente del Estado de Cundinamarca Daniel Aldana, quien dispone de una fuerza de unos 3 mil hombres armados, los cuales podrían ser utilizados para uno u otro bando. 


Barranquilla a finales del siglo XIX. Aspectos de la evolución económica y dos hechos políticos: La guerra de 1885 y la vicepresidencia de Carlos Holguín

Como lo sugiere Theodore Nichols, mientras las facciones iban y venían, la ciudad de Barranquilla estaba demasiado ocupada con su adaptación a su nuevo papel en la política y la economía colombianas. De ser un simple caserío hasta mediados del siglo XIX, las políticas de comercio exterior de Colombia comenzaron a favorecer a Barranquilla por las dificultades geográficas de comunicación con el río de Santa Marta y Cartagena.
Un inmigrante norteamericano llamado C. Hoyer, quien llegó en 1851, describe a Barranquilla y calcula una población de 6 mil habitantes.[59] Las impresiones del naturalista norteamericano Isaac Holton son similares en 1852 cuando nos cuenta que “Barranquilla tiene mucho mejor aspecto que Sabanilla porque por ley todas las casas están blanqueadas y algunas son de dos pisos”.[60] 
De este modo, el caserío se su fue transformando en un hervidero de comerciantes y transportadores venidos de muchas partes. El “sitio de libres” de la remota época colonial se convertía ahora en un puerto cosmopolita que atrajo a ingleses, alemanes, franceses, norteamericanos, judíos, etc., quienes reforzaron en la ciudad la impronta inicial que le ofrecía al inmigrante la posibilidad de instalarse a vivir sin mayores controles y restricciones.[61]
A mediados del siglo XIX Barranquilla se convierte en el puerto fluvial de paso obligado de las exportaciones de tabaco a los mercados de Europa. Debido a las condiciones climáticas que exige el cultivo del tabaco, los productores buscaron la ribera del río Magdalena para sacar su carga, que bajaba en barcos de vapor que terminaban su viaje antes de la desembocadura en los viejos caños de la ciudad, donde estaba el puerto fluvial. La carga de tabaco llegaba a la Intendencia Fluvial, y de allí, con barquetonas y bongoes, era trasladada a la bahía de Sabanilla, la más cercana a la ciudad, a través del canal de la Piña, que corría entre las numerosas islas y zonas de manglares que formaba el río en su desembocadura. Al aumentar la cantidad de carga exportada e importada, el Gobierno nacional decidió construir un ferrocarril que comunicara el puerto fluvial con el marítimo de Sabanilla.[62] Después de cinco años, el 1˚ de enero de 1871 el ferrocarril realizó su primer viaje, y significó para Barranquilla el comienzo de una nueva época, y sobre todo para el caserío a orillas del caño, donde en uno de sus costados se construyó la Estación Montoya. Esta condición privilegiada va a durar hasta que el puerto fluvial pierda su papel de eslabón de la única vía posible de las exportaciones colombianas[63].    
A mediados de la década de 1880, la condición de puerto va a verse robustecida por la creciente exportación de café a los mercados europeos. El aumento de la demanda y la capacidad de la geografía colombiana para expandir los cultivos hicieron necesaria la construcción de un largo muelle, inaugurado en 1893. Al calor del comercio de exportación y de importación la ciudad se transformó totalmente. El intelectual barranquillero Luis E. Nieto Arteta plasmó esta realidad histórica diciendo: El destino y el desarrollo local de la ciudad de Barranquilla están vinculados al café[64].  Donde mejor se observa el crecimiento de la ciudad es en su evolución demográfica. En 1870  tenía 11 595 habitantes; en 1905, 40.115; en 1918, 64.543; en 1938, 139.974, hasta alcanzar  279627  en 1951[65].
Un buen indicador de la actividad comercial de la ciudad fue el surgimiento de varias entidades bancarias, entre ellas el Banco de Barranquilla, creado en 1873, que se constituyó en  la segunda institución creada en Colombia. En esta actividad se registra una importante participación de judíos sefarditas[66]. Estos son los años en que se inician los primeros ensayos de industrias en la ciudad, como por ejemplo, fábricas de jabón, velas y curtiembres. Se presentaron iniciativas para construir un acueducto y la legislación nacional, después del primer gobierno de Núñez en 1880,  tendía a favorecer las industrias nacionales. Hasta 1988 se registran unos 25 establecimientos fabriles.[67]

La vida comercial de Barranquilla se vio interrumpida cuando en los primeros días de enero de 1885 se produjo el pronunciamiento del político liberal Ricardo Gaitán en Facatativá, pueblo cercano a Bogotá. A la cabeza de unos doscientos jinetes bajó de la altiplanicie hacia el rio Magdalena, a la altura de Honda, donde en poder de los cinco mejores vapores bajó por el mencionado río hasta La Canchera, sitio cercano a Barranquilla, donde llegó el 5 de enero.[68] Desde allí exigió la rendición de las fuerzas que custodiaban a Barranquilla, a cargo del general Antonio González Carazo, quien engañado por Gaitán creyó la mentira del emisario Guillermo Campbell, que eran más de 5 000 hombres, cuando solo eran unos 300. Pero además del engaño Gaitán adujo argumentos políticos para convencer a la dirigencia para que se rindiera. El argumento esgrimido por el rebelde Gaitán se refería a la traición de Núñez, quien se habría entregado al conservatismo. Con este argumento pretendía convencer a los liberales radicales y algunos independientes para ablandar a Antonio González, objetivo que se logró con la rendición de Barranquilla. El general conservador Francisco J. Palacio abandonó la ciudad en dirección a Cartagena y Panamá a unirse a las fuerzas del ejército federal.
El 11 de febrero Gaitán entró a Barranquilla sin derramamiento de sangre.[69] La población de Barranquilla, que tenía algo más de 10 mil habitantes, siendo la mayoría de ellos sencillos trabajadores que vivían del trabajo que les ofrecía el puerto fluvial, no tenía mayor interés en la política. Con la misma indiferencia con que recibieron las tropas revolucionarias se comportaron cuando Gaitán fracasó en el intento de hacer un reclutamiento para sus tropas y asaltar la ciudad de Cartagena. En 1885, Barranquilla tenía la aduana más importante de la nación, donde los rebeldes encontraron importantes recursos para continuar la guerra.    
Estando Barranquilla ya tomada por las fuerzas de Gaitán, llegó a la ciudad, con destino a la capital, el recién nombrado arzobispo de Bogotá José Telésforo Paul, a quien por órdenes de Ricardo Gaitán se le guardaron todos los miramientos y cortesías para que llegara sano y salvo a su destino.[70]  
Cuando se supo en Bogotá que Gaitán Obeso se había apoderado de Barranquilla el 18 de enero, Rafael Núñez  tomó una decisión importante: puso las armas a disposición del comandante de las fuerza militares Leonardo Canal para enfrentar la guerra. Poco antes de su muerte Núñez recordaba este momento crucial diciendo: Desde que fueron entregadas las armas al ejército de reserva del General Canal, yo quedé convertido en el leño inerte que arrastra la corriente y que no sabe en qué playas irá a reposar[71].

En el resto del país las cosas no estaban del todo bien para el Gobierno. En enero, de los nueve Estados soberanos, solo dos se mantenían fieles al Gobierno: el Cauca y el Magdalena. En los demás existían conflictos que se fueron resolviendo a favor de Núñez. El Congreso debía reunirse el 1˚ de febrero, cosa que era impensable en ese momento, por lo que el Gobierno postergó la reunión para el 1˚ de marzo.  A principios de enero también se hicieron levantamientos en contra del Gobierno en el Tolima, al mando de los generales Losada, Restrepo, Vergara y Amador, quienes lograron organizar unos 3 000 combatientes, los cuales se unieron posteriormente a las tropas de Gaitán en el río Magdalena. En el puerto ribereño de Girardot se pronuncia en contra del Gobierno Zenón Figueredo.
Gaitán Tomó la decisión de tomarse Cartagena, y una vez más la histórica ciudad sufrió un asedio a sus viejas murallas por un ejército de unos  mil hombres, que en realidad no era ejército sino un conglomerado de diferentes tropas de diverso origen geográfico. El sitio a la ciudad de Cartagena duró desde el 18 de abril al 8 de mayo, con la victoria de las tropas gobiernistas, las cuales fueron apoyadas desde el interior del país y con la participación algo confusa de barcos norteamericanos, ingleses y franceses. Gaitán, derrotado, se dirigió al río Magdalena, junto a Acevedo, y en el sitio La Humareda sufrió la derrota definitiva ante el general Guillermo Quintero. Los dos rebeldes sobrevivientes se internaron en las selvas de Carare, buscando quizás una salida hacia Venezuela. En la primera semana de septiembre de 1885 fueron finalmente aprehendidos hambreados casi, y enfermos[72]. Prestán, otro de los insurgentes, fue apresado en los caños entre Barranquilla y Santa Marta, enviado luego la ciudad de Colón, donde fue condenado a la horca por un consejo de guerra el 18 de agosto.[73]

El 10 de septiembre, en los momentos en que llegaba el primer correo de la Costa Atlántica a través del río Magdalena, ya en manos de las tropas del Gobierno, una manifestación frente al Palacio de San Carlos en Bogotá celebraba la pacificación del país. La tradición oral dice que en esa tarde el presidente Núñez, en ese momento de 70 años, habría pronunciado la legendaria frase La Constitución de 1863 ha dejado de existir, cerrándose así una etapa importante de la historia de Colombia con la derrota definitiva del liberalismo radical.[74]

El 7 de agosto de 1888 Rafael Núñez regresa a Cartagena para no volver nunca más a Bogotá. Antes de su partida definitiva organiza el Gobierno efectuando  importantes nombramientos. Felipe Angulo fue nombrado embajador en Londres; seguramente para negociar proyectos de inversión en ferrocarriles con el capital inglés. El cargo de ministro de Guerra lo asumió el ministro de Gobierno Carlos Holguín, quien poseía además la investidura de Designado, otorgada por el Congreso en su sesión del 27 de julio y el  7 de agosto de 1888, asume además el poder ejecutivo ante el Congreso, con lo cual se constituye en el primer presidente en ejercicio perteneciente al Partido Conservador desde los inicios de la Regeneración.

Con el nombramiento del conservador Carlos Holguín como presidente encargado y el alejamiento de Núñez de Bogotá se cierra un capítulo de la Regeneración con un balance negativo en la parte política. La exclusión de los liberales radicales en las elecciones, la libertad de prensa restringida y la exclusión de una parte importante de la opinión política colombiana impedían hasta ese momento la realización de un “gobierno nacional”, unos de los grandes ideales de la Regeneración, a causa de  la extremada actitud de recelo de Núñez.
Durante la administración de Carlos Holguín como vicepresidente encargado del poder ejecutivo se producen dos hechos políticos importantes: el  primero de ellos es la disminución de la influencia de los Liberales Independientes en el Gobierno; el  segundo fue la primera división que se produce en las filas del Partido Nacional en octubre de 1888 por diferencias en torno a una propuesta de reforma administrativa propuesta por el Ejecutivo que afectaba a varios departamentos, excluyendo a Panamá[75]. Este proyecto de reforma administrativa correspondía al principio de racionalidad que inspiraba a todo el movimiento de la Regeneración, tal como lo dijera Núñez en su discurso del 11 de noviembre de 1885, en el  que rechazaba  el particularismo enervante del régimen federal. Este es además uno de los puntos importantes de coincidencia entre el conservatismo y Rafael Núñez, que en términos políticos europeos y occidentales de la época pertenece más a la tradición liberal que conservadora, pero que en ese momento histórico formaba parte del ideario de algunos liberales como Núñez y del Partido Conservador colombiano, en especial de personajes como Carlos Holguín y Miguel Antonio Caro. Este proyecto de reforma intentaba  –como lo manifestó Holguín– eliminar la influencia de los caudillos liberales regionales atrincherados en sus provincias y regiones y liquidar en forma definitiva al federalismo liberal de la época anterior.[76]

Esta reforma requería de una enmienda constitucional y exigía que fuera un acto del Congreso que contara con la mayoría de los votos en un período de sesiones. Luego, en el período siguiente debería ser aprobado por las dos terceras partes de los votos en ambas cámaras. El proyecto proponía dividir el territorio nacional en provincias, respetando los límites de los departamentos, de modo que cada uno de los nueve quedara convertido en dos o más provincias. De este plan se excluía a Panamá. Cada provincia tendría su gobernador y cámara provincial como en los demás departamentos.

La propuesta de Carlos Holguín se basaba en el artículo 5˚de la Constitución, que califica de anacrónico al impedir un desarrollo institucional consecuente con las transformaciones de la sociedad. El se explica esta inconsecuencia de la Carta de 86 por la situación vivida en 1885, en que sucumbía el régimen federalista anterior. Holguín insistió en su discurso de presentación del proyecto que se trataba de la primera y más apremiante necesidad de la época. Rechaza en forma categórica el sistema federal anterior por ser (…) la cuna de lo que se ha llamado entre nosotros el gamonalismo, que no fue sino la verdadera tiranía de los que lograban adueñarse del poder público en las capitales. Y todo esto se ha hecho en nombre de la descentralización administrativa, y como escarnio llamando soberanos a las víctimas.  Reconoce el presidente en ejercicio que muchos de estos males se han superado, sin embargo es siempre cierto que lo que es el régimen absorbente, la excesiva preponderancia administrativa de los grandes centros, subsiste todavía. Pensaba Holguín que recibiría apoyo a su proyecto en razón, además, de que “las provincias considerarán que su rango se levanta desde el momento en que las gobiernen agentes directos del Poder Ejecutivo”; pero no fue así.  Los centros afectados se opusieron y las regiones o provincias, como Barranquilla y Cali, que hubieran sido las beneficiadas, no dieron muestras de interés en el proyecto. El intento de superar en forma definitiva el poder de estos gamonales, que en su mayoría eran del liberalismo radical, es muy claro en el discurso de Holguín, y argumenta finalmente que la creación de entidades menores, administradas directamente por el gobierno, puede considerarse como verdadera y saludable descentralización. 

La propuesta de reforma administrativa de Holguín respondía también a una necesidad de tipo económica, aunque  no lo plantea en forma explícita. El aumento de la producción y exportación de café comenzaba a producir importantes cambios en la economía colombiana que tarde o temprano tendrían que influir en la distribución del poder en las diferentes regiones y ciudades de Colombia. La ciudad de Barranquilla es el mejor ejemplo cuando le favorece su posición de estación obligada del comercio exterior colombiano, que condujo a un crecimiento comercial sin precedentes durante la Regeneración, logrando su independencia de Cartagena en 1905, cuando Rafael Reyes le otorga la categoría de cabecera de departamento. Por ser Barranquilla una ciudad sin tradición política, sus grupos comerciales dirigentes no pudieron articularse en un movimiento para apoyar la iniciativa de Carlos Holguín, que les hubiera entregado la categoría de departamento veinte años antes. Barranquilla tuvo a fines del siglo XIX un importante crecimiento comercial, pero esto no produjo una conciencia política en sus grupos dirigentes, hecho que ocurre a principios del siglo XX. La política en la ciudad estuvo fuertemente influida por la ciudad capital del departamento, que era Cartagena, lugar de residencia de Rafael Núñez[77].

Un caso parecido se presenta en el departamento del Cauca, donde la región norte, Cali, Palmira, Buga y Tuluá, conformaba el espacio económico más dinámico en la medida en que estaba vinculado al comercio de exportación- importación[78]. A esta región hay que agregarle el puerto de Buenaventura, que en el siglo XX se convertiría en el principal puerto para el comercio exterior de Colombia como resultado de la dinámica económica y política del norte del Cauca. Tampoco surgió aquí un apoyo decidido al proyecto de Carlos Holguín crear nuevos departamentos. Esto se debió, en parte, a la debilidad del líder político Eliseo Payán y a una crisis económica que tuvo sus orígenes en la destrucción del aparato productivo durante la guerra civil de 1885 y a algunas catástrofes naturales.

El proyecto fue votado por primera vez el 16 de octubre de 1888 y fue aprobado por una mayoría de 36 a 13, siendo 6 de los opositores oriundos de Antioquia y del Cauca. El 13 de noviembre fue aprobado también por el Senado con algunas modificaciones y con la oposición de dos senadores de Antioquia y uno del Cauca. En las votaciones hubo 25 legisladores que dejaron una constancia en la que declaraban haber votado por disciplina de partido y no por estar convencidos del proyecto. Rafael Reyes, a la sazón ministro de Fomento del Gobierno de Holguín, declaró que había firmado el proyecto por solidaridad política, pero no por convencimiento personal, para luego retirarse del cargo de ministro. Rafael Reyes había sido el encargado de defender el artículo 5˚ durante las deliberaciones del Consejo de Delegatarios en 1886. Como representante por el Estado Soberano del Cauca, y en razón también  de su falta de experiencia política, había defendido en la constituyente de 1886 la idea aceptada por los políticos del Cauca y del propio Payán de no cambiar el nombre de “Estado” por el de “Departamento”, iniciativa que no prosperó ante la avasalladora figura de Miguel Antonio Caro[79].
Sin embargo, Reyes pudo lograr que en el caso de que se pretendan crear nuevos departamentos, esta decisión debiera ser motivo de una ley especial sujeta a muchas exigencias. Este artículo 5˚ de la Constitución de 1886 fue defendido por Reyes y hacía casi imposible una división territorial en el país. El propio Holguín, quien tuvo que presentar su proyecto con base a este artículo, llega a decir en su discurso que estas (…) reglas tan complicadas y de tan difícil cumplimiento...no es aventurado decir que hoy es imposible dicha división. Sus palabras ya anunciaban el fracaso de su ponencia. Rafael Reyes, 17 años después, y siendo presidente, logró sacar adelante un proyecto de creación de nuevos departamentos después de haber disuelto el Congreso. Del propio departamento del Cauca creó tres departamentos y un territorio.[80] Todo esto demuestra que la propuesta de Carlos Holguín era no solo consecuente con su filosofía política de racionalidad administrativa, sino que significaba además el reconocimiento de ciertas dinámicas de desarrollo económico y político de algunas regiones que culminó en la reforma exitosa del propio Reyes.

En medio del debate sobre el proyecto de división administrativa, y tratando quizás de producir un acercamiento a posibles aliados de su proyecto, Holguín dicta un decreto sobre la prensa el 27 de marzo 1889 que lleva el número 286, que complementa al Decreto 151 de 1888, en el cual se precisa que no hay restricciones a la prensa si se trata de publicaciones relacionadas con la administración pública.[81]

Una de las consecuencias políticas directas del intento de llevar a cabo nuevas divisiones territoriales fue el rompimiento definitivo de la amistad política de Marceliano Vélez – abanderado de la oposición antioqueña al proyecto– con Carlos Holguín, que significaba al mismo tiempo una división y debilitamiento del Partido Nacional, ya en proceso de lenta disolución ante el predominio de nombramientos de más políticos conservadores que liberales independientes. El conflicto terminó en la renuncia de Vélez del cargo de gobernador del departamento de Antioquia. Esta división vendría a manifestarse nuevamente en 1891 al calor de la elección presidencial de 1892. Como la efectividad del proyecto solo podría llevarse a cabo dos años después, una vez que los dos tercios del Congreso lo hubieran ratificado, el tema se siguió discutiendo lo cual generó  la amenaza de secesión de Antioquia y del Cauca.

A fines de 1889, al irse acercando la fecha en que el Congreso debería ratificar, o rechazar el proyecto aprobado en la sesión anterior, intervino en la disputa Rafael Núñez desde Cartagena.
Núñez, quien naturalmente había apoyado la iniciativa de Holguín, y en una actitud muy propia de él, sugirió a través de artículos de prensa en El Porvenir de Cartagena a fines de 1889, y al acercarse la fecha de ratificación o rechazo en un segundo debate, olvidarse por el momento del asunto para no producir inconformidades y herir intereses o sentimientos respetables de individuos o comunidades. Sin el apoyo de las regiones que se verían beneficiadas con el proyecto, y con la retirada táctica de Núñez, la discusión en torno a la aprobación o no del proyecto de división administrativa se agudizó en 1890 al juntarse con otra decisión política que debía tomar el Congreso: la elección de un designado para que ocupara el Ejecutivo, ya que a Carlos Holguín se le cumplían sus dos años.
Con el fracaso de la propuesta de Holguín, la cual no tuvo apoyo en Barranquilla, demuestra el desinterés de parte de la comunidad de negocios de la ciudad que no alcanzó a vislumbrar la importancia que tenía la iniciativa para la economía local.


Consideraciones finales: Barranquilla a la espera de una nueva oportunidad sobre la tierra

La historiografía sobre Barranquilla se ha concentrado  principalmente en el período de auge comercial, portuario e industrial, que abarca aproximadamente un siglo, entre 1850 y 1950. Son pocas las investigaciones sobre el final del siglo XX y comienzos del siglo XXI y el discurso de la “ciudad pionera” aun se escucha en los discursos políticos, en la prensa escrita, en la radio y en la televisión. Como dijo Ranke hace casi dos siglos, no es tarea del historiador averiguar sobre el futuro, sin embargo, es posible que los textos históricos sean de utilidad para todos aquellos que toman las decisiones en lo político y lo económico, lo que a su vez determina la acción del Estado, que orienta, de algún modo, el devenir de una ciudad o una región. Hasta ahora, pensar el futuro significa generalmente creer en el progreso como si fuera algo sin límites. Tratándose de Barranquilla, se piensa en el perfeccionamiento del sistema industrial con un fuerte componente en tecnología aplicada a la producción.[82]
La ciudad inicia los años sesenta con una crisis industrial y comercial al mismo tiempo, que se ve agravada por la inmigración masiva de campesinos de las regiones aledañas a la ciudad que agravan el desempleo estructural y surgen los tugurios, con sus secuelas de caos urbano y deficiencia de los servicios públicos.[83]
A partir de los años cuarenta del siglo XX, Barranquilla comenzó a perder su posición de puerto frente a Buenaventura y su  impulso industrial comienza un decaimiento que dura hasta nuestros días, y con el agravante que se ha producido un proceso de tercerización de la economía, pero de manera espuria,  porque la mano de obra pasó al sector terciario pero como trabajadores informales.[84]
Esta situación prácticamente no ha cambiado, más bien se ha agravado con la llegada de los inmigrantes desplazados por la violencia de grupos armados ilegales a fines de los años noventa y el decaimiento de la industria no ha sido plenamente percibido por la dirigencia actual de la ciudad, sino que se sigue pensando como una Utopía al revés, es decir, la idea del progreso que había surgido cien años atrás como una visión futurista, ahora se invierte y comienza a verse en el pasado ante la frustración del presente.[85]
Ante la decadencia de la industria, siempre se continúa a la espera de un renacimiento comercial y de un aumento de la carga movilizada por el puerto, pero las expectativas hasta ahora no se han cumplido. En las últimas décadas, las estadísticas muestran un empeoramiento de la situación en casi todos los frentes. La carga movilizada por el puerto tiende a bajar, con un aumento discreto en los muelles privados. Santa Marta y Cartagena se ubican por encima de Barranquilla. Desde hace unas tres décadas Colombia pasó de ser un país cafetero a exportar carbón y petróleo. La participación de la zona portuaria de Barranquilla en el total de tráfico portuario de Colombia fue en 2010 de un 4.5%, para un total de 6.164.089 toneladas, de las cuales la mayoría son de importaciones, con 4.270.764 toneladas.[86]
Al comenzar el tercer milenio, la dirigencia de la ciudad está enfrentada a un gran desafío, diferente de los anteriores y que exige una profunda revisión de las ideas que predominaron en el siglo XIX y XX, sobre todo la idea del progreso que compartieron todas las potencias mundiales hasta hace unos treinta años atrás; es decir, se necesita del conocimiento histórico para pensar el presente y lo que puede ser Barranquilla en las próximas décadas, las verdaderas posibilidades que tiene. El conocimiento de las experiencias de adaptación de Colombia a las situaciones cambiantes de la época de la Independencia y luego la época de la Regeneración puede ser un aporte más al necesario esfuerzo de la colectividad por reflexionar sobre las posibilidades que se le presentan hoy.
Como el pasado nunca muere del todo sino que reaparece una y otra vez por encima de la conciencia del hombre, la condición de “sitio de libres” de su origen explica en gran parte el hecho de que la convivencia entre diferentes grupos raciales y culturales sea bastante pacífica en comparación con otras ciudades del mundo, especialmente las del norte de Europa y de Estados Unidos, donde se han llegado a construir zonas especiales con barrios para aislar a grupos étnicos del resto de la población blanca. Este patrimonio intangible sea quizás el más importante patrimonio que tiene Barranquilla en una eventual inserción de la ciudad en este mundo nuevo, que superaría el mito garciamarquiano de que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.















BIBLIOGRAFÍA

Archivos

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AGN. AHL. Cámara. Antecedentes de leyes, 1884, t. II, folio 86
AGN. AHL. Cámara. Antecedentes de leyes, n 2, t. II, 1884
AGN. AHL. Cámara. Correspondencia oficial, t.  XIII, 1884
AGN. AHL. Senado. Correspondencia oficial, 1884, t.  VI, 112
AGN. AHL. Senado. Correspondencia oficial, 1884, t. VI

Prensa

Diario de Cundinamarca del 15 de agosto de 1884
Diario de Cundinamarca del 27 de agosto de 1884
Diario de Cundinamarca del 26 de septiembre de 1884


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[1] GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. “Reportaje sobre Bocas de Ceniza”. Diario El Espectador,  marzo de 1955. También en la compilación de Jaques Guilard: Obra periodística. Vol. IV: Entre Cachacos 2. Bogotá: Oveja Negra, 1983, p. 419.
[2] BAENA, Fernando y VERGARA, José Ramón. Barranquilla, su pasado y su presente. Barranquilla: Banco Dugand, 1922; DE CASTRO, Arturo. Ciudades colombianas del Caribe. Barranquilla, Santa Marta, Cartagena. Barranquilla: Litografía Barranquilla, 1942; GOENAGA, Miguel. Lecturas locales. Barranquilla: Tipografía Goenaga, 1944.
[3] NICHOLS, Theodore. “El surgimiento de Barranquilla”. Suplemento de la Revista informativa de la Cámara de Comercio. Barranquilla, abril de 1983. Aparecido originalmente en Hispanic American Historical Review, vol. 34, 1954. Tesis doctoral: Tres puertos de Colombia: Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Bogotá: Banco Popular, 1973.
[4] D’ESPAGNAT, Pierre. Recuerdos de la Nueva Granada (1900). Bogotá: Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1942.
[5] RANKE, Leopold von.  Geschichte der romanischen und germanischen Völker von 1494-1535. (Primera edición, publicada  en octubre de 1824). Tomado de la edición del profesor Willi Andreas, publicada en la ciudad de Essen en la editorial Emil Vollmer. La famosa frase, que a menudo ha sido citada incompleta, está en el prefacio a la primera edición y dice así: “Man hat der Historie das Amt, die vergangenheit zu richten, die Milwelt zum Nutzen zukünftiger Jahre zu belehren, beigemessen; so hoher Ämter unterwindet sich gegenwärtiger Versuch nicht: er will bloß zeigen, wie es eingentlich gewesen”.
[6] SÁNCHEZ, Luis Alberto. Historia general de América. 3 vols. Madrid: Ediciones Rodas, 1972.
[7] Ibíd. , p. 9.
[8] Ibíd. , t. III, p. 963 y ss.
[9] Ibíd. , p. 899 y ss.
[10] Ibíd. , p. 901.
[11] BEYHAUT, Gustavo. Süd- und Mittelamerika II. Von der Unabhängigkeit bis zur Krise der Gegenwart.      Frankfurt a.M.: Fischer Weltgeschichte, Band 23, 1965, p. 41 y ss. La primera edición en español fue publicada por Siglo XXI Editores en 1985. Aquí se utiliza la edición en alemán con traducciones propias.
[12] HALPERIN, Tulio. Historia contemporánea de América Latina. Madrid: Alianza Editorial, 1969. Fue publicada inicialmente en italiano en Giulio Einaudi Editores.
[13] MARTÍNEZ DELGADO, Luis. República de Colombia, 1885-1910. Bogotá, 1970. Historia Extensa de Colombia, vol. X, t.  I, 1885-1895 y  t. II, 1895-1910.
[14] Ibíd. , t. I, p. 16.
[15] TAMAYO, Joaquín. Núñez. Bogotá: Cromos, 1939, p. 95 y ss.
[16] Ibíd., p. 141.
[17] Ibíd., p. 163 y ss.
[18] Ibíd., p. 164.
[19]NIETO ARTETA, Luis E. Economía y cultura en la historia de Colombia. Bogotá: El Ancora, 1996, p. 380. 
[20] Ibíd., p. 383.
[21] Ibíd., p. 387.
[22] LIÉVANO AGUIRRE, Indalecio. Rafael Núñez. Bogotá: Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, 1944.
[23] Ibíd., p. 271.
[24] Ibíd., p. 288.
[25] JARAMILLO URIBE, Jaime. El pensamiento colombiano en el siglo XIX (1956). Bogotá: Temis, 1982. Capítulo XVII, p. 261.
[26] Ibíd., p. 263.
[27] Ídem.
[28] Ibíd., p. 277.
[29] El artículo de Hermes Tovar en: GONZÁLEZ, H., Sara (comp.) Archivos desorganizados: fuente de corrupción administrativa. Bogotá: Archivo General de la Nación, 2006. 
[30] NÚÑEZ, Rafael. La reforma política en Colombia. 7 vols. Bogotá (1944-1950);  La reforma política. Selección de textos. Cartagena: Universidad de  Cartagena, 1994. Editor: Alfonso Múnera C.  
[31] Este comentario lo hizo Malcolm Deas en 1981. FONDO CULTURAL CAFETERO. Aspectos polémicos de la historia colombiana en el siglo XIX. Memoria de un seminario. Bogotá, 1983, p. 62. El historiador Juan P. Llinás recrea literariamente este suceso en Recobrando el presente. Una novela sobre un Rafael Núñez desconocido. Bogotá: Ediciones Martínez Roca, 2001,  p. 11.
[32] PALACIO, Julio H. Núñez. Recuerdos y memorias. 1893-1894. Barranquilla: Tipografía Mogollón, p. 23.
[33] NÚÑEZ, Rafael. Ensayos de crítica social (1874). Cartagena: Universidad de  Cartagena, 1994. Editor: Alfonso Múnera C.
[34] CARO, Miguel Antonio. Discursos, alocuciones, mensajes, cartas, telegramas (1892-1898). Recogidos y publicados por Jesús M. Franco. Manizales, 1900; INSTITUTO CARO Y CUERVO. Epistolario de Rafael Núñez con Miguel A. Caro. Bogotá, 1977; CARO, Miguel Antonio. Obras completas. Editadas por Víctor Caro y Antonio Gómez. 8 vols. Bogotá, 1918-45.
[35] VALDERRAMA, Carlos. Miguel Antonio Caro y la Regeneración. Apuntes y documentos para la comprensión de una época. Santa Fe de Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1997.
[36]  AGN. AHL. Cámara. Antecedentes de leyes, 1884, t. II, folio 86. Firmado por Núñez  y por el secretario de Guerra José M. Campo Serrano. CONGRESO DE COLOMBIA. Leyes de los Estados Unidos de Colombia expedidas por el Congreso de 1884. Bogotá: Zalamea Hermanos, 1884. Ley 36 del 30 de agosto de 1884, p. 68.  
[37] AGN. AHL. Cámara. Antecedentes de Leyes  n 2, t.  II, 1884.
[38] AGN. AHL. Cámara. Correspondencia Oficial, t. XIII, 1884, folio 297. Como vicepresidente fue elegido Antonio B. Cuervo.
[39] PALACIO, Julio H. La guerra del 85. Bogotá: Cromos, 1936, p. 14.
[40] Los cuatro expresidentes eran: Aquileo Parra, Santiago Pérez, Eustorgio Salgar y Santos Acosta.
[41] Ibíd., p. 12 y ss.
[42] PALACIO, Julio H. Núñez. Recuerdos y memorias. 1893-1894. Barranquilla: Tipografía Mogollón, 1923, p. 44 y ss. En el libro no aparece el año de publicación, pero el mismo autor lo menciona en La Guerra del 85, p. 39. 
[43] Así lo sugiere un autor en su trabajo sobre Núñez. LLINÁS, Juan Pablo. Recobrando el presente. Una novela sobre un Rafael Núñez desconocido, ob.cit.,  p. 114.
[44] Un interesante perfil del carácter de Becerra en: LLINÁS, ob.cit., p. 114 y 115.
[45] Según Julio H. Palacio, Aquileo Parra habría conservado este documento en sus papeles personales y lo publicó cuatro años más tarde en El Relator.  PALACIO, La guerra del 85,  ob.cit., p. 13.
[46] AGN. AHL. Senado. Correspondencia oficial, 1884, t. VI, folio 135.Carta de Eustorgio Salgar al Senado del 21 de junio de 1884. Becerra vivió el resto de su vida con una pensión otorgada por el gobierno de Núñez, que le fue muy útil en sus últimos días de la ancianidad, casi totalmente ciego, combatiendo contra la dictadura  de Cipriano Castro en Venezuela. Véase: PALACIO, Julio H. Historia de mi vida. Bogotá: Senado de la República, 1992,  p. 194 y ss. 
[47] PALACIO, La guerra del 85, ob.cit., p. 35. Véase también un perfil de Becerra en HOLGUÍN, Álvaro. Carlos Holguín. Una vida al servicio de la república. Bogotá: Editora Desarrollo, 1981. Tomo II, p. 1246.
[48] Diario de Cundinamarca del 15 de agosto de 1884; MARTÍNEZ SILVA, Carlos. Repertorio Colombiano, t. XI. Revista política del 30 de junio de 1884, p. 311.
[49] Decreto del 18 de agosto de 1884. En: Diario de Cundinamarca del 27 de agosto de 1884.
[50] AGN. AHL. Senado. Correspondencia oficial, 1884, t. VI, 112.
[51] MARTÍNEZ SILVA, Carlos. Revista política del 30 de junio de 1884, p. 309. 
[52] Diario de Cundinamarca del 26 de septiembre de 1884.
[53] Ibíd., 1˚ de octubre de 1884.
[54] Ibíd., 12 de septiembre 1884. Al menos este era el tenor de la noticia. 
[55] Ibíd., 8 de octubre de 1884.
[56] Ibíd., Boletín del 10 de octubre de 1884.
[57] Decreto 1.052 del 18 del diciembre de 1885. En: Diario de Cundinamarca del 19 de diciembre de 1885.
[58] TAMAYO, ob.cit., p. 147.
[59] GOENAGA, Miguel. Lecturas locales. Barranquilla, 1944. Carta de C. Hover, p.79.
 [60] HOLTON, Isaac. La Nueva Granada: veinte meses en los Andes (1857). Bogotá: Banco de la República, 1981, p. 36.
[61] RODRIGUEZ, Manuel y RESTREPO, Jorge. “Los empresarios extranjeros de Barranquilla. 1820-1900”. En: Desarrollo y Sociedad, n  8, 1982. También en: BELL, Gustavo (comp.). El Caribe colombiano. Barranquilla: Ediciones Uninorte, 1988; VILLALÓN, Jorge. Las colonias extranjeras y las representaciones consulares en Barranquilla. Barranquilla: Ediciones Uninorte, 2008.
[62] RIPPY, Fred J. “Los comienzos de la era ferroviaria en Colombia”. En: BEJARANO, J. (comp.). El Siglo XIX en Colombia visto por historiadores norteamericanos. Bogotá: La carreta, 1977, p. 223.
[63] BAENA y VERGARA, ob.cit., p. 371y  ss.                     
[64] NIETO A., Luis E. El café en la sociedad colombiana. Bogotá. El ancora, 1958, p. 20.
[65] POSADA, Eduardo. Una invitación a la historia de Barranquilla. Bogotá, 1987, p. 14.
[66] SOURDIS, Adelaida. El registro oculto. Los sefardíes del Caribe en la formación de la nación colombiana. 1813-1886. “Bogotá: Academia Colombiana de la Historia, 2003, p. 137; MEISEL, Adolfo y POSADA., Eduardo. Bancos y banqueros de Barranquilla. 1873-1925”. En: Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, vol.  XXV, n 17. Bogotá, 1988.
[67] Sobre las primeras industrias véase: SOLANO, Sergio y CONDE, Jorge. Elite empresarial y desarrollo industrial en Barranquilla. Barranquilla: Universidad del Atlántico, 1993, p. 46.
[68] PALACIO, ob.cit., p. 50.
[69] Ibíd., p. 50.
[70] Ibíd., p. 91.
[71] PALACIO, Núñez…, ob.cit., p. 46; ESTRADA M., Joaquín. Núñez: El político y el hombre. Bogotá: Minerva, 1946, p. 228 y ss. El historiador Juan Pablo Llinás recrea de manera literaria la importante participación de Soledad Román en esta trascendental decisión de Núñez al actuar como enlace con los dirigentes conservadores. LLINÁS. Recobrando el presente, ob.cit.,  p.131; Soledad Román. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1986.
[72] PALACIO, La guerra del 85,  ob.cit. p. 272.
[73] Ibíd., p. 273.
[74] Ídem.  No se conoce un documento que relate la famosa frase de Núñez en el balcón de la casa presidencial, pero se encuentra en muchos textos de historia. El Palacio de San Carlos está ubicado en la calle décima con carrera sexta y alberga oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores.
[75] Proyecto de Reforma Constitucional. Bogotá, 16 de octubre de 1888. En: MARTÍNEZ DELGADO, Luis. República de Colombia, 1885-1910. Bogotá, 1970. Historia extensa de Colombia, vol. X, t. I, p. 435.
[76] El interés de eliminar a los caudillos regionales era un deseo manifiesto de los líderes de la Regeneración, interés que corresponde al espíritu racionalista y modernizante que está presente en todos los actos políticos del Gobierno.
[77] Tomado de ensayos inéditos de José Lobo Romero, historiador de Barranquilla.
[78] VALENCIA, Alonso. Empresarios y políticos en el Estado Soberano del Cauca (1860-1895). Santiago de Cali,1993, p. 155.
[79] TORRES, Guillermo, ob.cit., p. 86; LEMAITRE, ob.cit., p. 104.
[80] LEMAITRE, ob.cit., p. 103 y ss.
[81] Sobre las discusiones en torno a la libertad de prensa ver HOLGUÍN, Carlos. Cartas políticas. Bogotá,  1951. Publicadas en entregas en el periódico de Bogotá El Correo Nacional en 1893.
[82] VILLALON, Jorge. La experiencia histórica de la inserción de Barranquilla en el sistema internacional desde fines del siglo XIX y sus posibilidades en el siglo XXI. En: Colombia y el Caribe. Barranquilla: Ediciones Uninorte, 2005.
[83] USANDIZAGA, Elsa y HAVENS, Eugene. Tres barrios de invasión. Bogotá, 1966.
[84] Sobre la decadencia de la industria en Barranquilla en el siglo XX véase: MEISEL ROCA, Adolfo. “¿Por qué se disipó en dinamismo industrial de Barranquilla?” En: Lecturas de Economía, n 23, mayo-agosto de 1987. Medellín; “Evolución de la industria manufacturera en Barranquilla”. En: Revista del Banco de la República, n 735, enero de 1989; “¿Por qué perdió la costa Caribe el siglo XX?” En: Revista del Banco de la República, vol. LXXII, n 856, febrero de 1999; Sobre la situación de la industria en los últimos años véase: BONET, Jaime. “Desindustrialización y tercerización espuria en el Departamento del Atlántico, 1990-2055”. En: MEISEL, A. (Ed.). Las economías departamentales del Caribe continental colombiano. Cartagena: Banco de la República, 2008.
[85] Sobre la percepción de historiadores e intelectuales en Barranquilla véase: VILLALÓN, Jorge. “Barranquilla y sus historiadores”. En: VILLALÓN. Historia de Barranquilla. (Selección de ensayos).  Barranquilla: Ediciones Uninorte, p. 75.
[86] MINISTERIO DE TRANSPORTE. Superintendencia de transporte. Informe consolidado año 2010. Movimiento de carga en los puertos marítimos colombianos. Oficina de planeación. Bogotá, enero de 2011.































































































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